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viernes, 30 de julio de 2010

El templo de Atapuerca


Atapuerca ya tiene museo. El pasado 13 de julio, tras más de una década de intenso trabajo, abrió sus puertas el Museo de la Evolución Humana (MEH) de Burgos. Y la espera ha valido la pena.

El Museo es una impresionante construcción acristalada a orillas del Arlanzón, en pleno centro de Burgos. Sorprende el espacio (15.000 m2) y la luminosidad del conjunto nada más entrar: esa parte es completamente diáfana en toda su altura y recoge en cuatro plataformas muestras de la evolución del ecosistema de la sierra de Atapuerca a lo largo de los últimos 350.000 años.

El recorrido diseñado a lo largo de cuatro plantas no hace esperar al visitante: El primer nivel (-1) nos introduce en plena sierra de Atapuerca, con la formación geológica del "karst" en vídeos, dioramas y paneles, el sistema de galerías y cuevas que albergan los yacimientos; y cómo se descubrió gracias a la trinchera excavada para el paso del ferrocarril. Los dos grandes módulos de esta planta nos trasladan al interior mismo de los yacimientos: Gran Dolina, donde se encontraron los restos de Homo Antecessor, el probable antepasado de Homo Sapiens (nuestra especie) y del hombre de Neanderthal; la Sima del Elefante y la Sima de los Huesos, el mayor yacimiento arqueológico humano del Pleistoceno medio, donde se encontraron los restos de una treintena de Homo heidelbergensis (300.000 - 500.000 años).

El descubrimiento de Gran Dolina es de capital importancia pues adelanta la aparición del género Homo en territorio europeo en medio millón de años frente a la teoría anterior de "estancia corta" (no más de 500.000 años de presencia) y sugiere como filogenia posible que las poblaciones de H. Antecessor europeas dieron lugar al H. Neanderthal a través de H. heidelbergensis (la especie anteneanderthal hallada en la Sima de los Huesos); mientras que el mismo H. Antecessor en África fue el antepasado de nuestra especie, surgida en África hace aproximadamente unos 200.000 años, posiblemente también mediante una especie intermedia (H. Rhodesiensis).

El descubrimiento fue posible en 1994 gracias a una pequeña cata en el yacimiento con el objetivo de llegar al nivel TD 6 (800.000 años), donde la paleontóloga Aurora Martín encontró el "primer diente", seguido de los restos de unos 6 indivíduos (2 adultos jóvenes, 2 preadolescentes y 2 niños): los primeros restos del Homo Antecessor (el "hombre explorador").

Aunque más "moderno" no menos relevante es el yacimiento de la Sima de los Huesos, el más importante del mundo en su género, con varios miles de restos óseos correspondientes a una treintena de indivíduos. La presencia de esqueletos completos acumulados en poco tiempo y la ausencia de utensilios o industria lítica sugiere que se trata de un enterramiento colectivo, lo que supondría la primera prueba conocida de acto simbólico (un ritual funerario) de la humanidad. Subraya esta hipótesis la presencia de una única herramienta en todo el yacimiento: “Excalibur”, un bifaz de cuarcita roja extraordinariamente tallado que posiblemente fuera arrojado a la Sima en memoria o tributo junto a su propietario.

Al final de este primera etapa el visitante puede ver las auténticas y emocionantes “joyas de la corona”: “Miguelón”, o el cráneo nº 5, el más completo hallado de H. Heidelbergensis, “Elvis”, la única pelvis completa de la especie, que permite apreciar su complexión extraordinariamente robusta (1,75 m de altura y 100 kg de músculo) o el bifaz “Excalibur”, entre otros restos fósiles humanos y animales.

El resto de la planta se dedica al trabajo de campo, a mostrar cómo trabaja el equipo multidisciplinar de Atapuerca en las excavaciones, registro de los hallazgos, así como una cronología y un panel fotográfico de los descubrimientos.

La segunda planta (nivel 0) se dedica íntegramente a la evolución en términos biológicos, con tres polos de atracción: El primero, la teoría de la evolución de Darwin. Relatado con un paseo con contenidos audiovisuales en el interior del famoso Beagle (reproducido en parte en el interior del museo, junto con una reconstrucción de su apacible estudio de Down House, en Kent). Posteriormente, a través de casi una veintena de grandes paneles paneles que combinan réplicas de grabados e ilustraciones antiguas de animales y plantas y que cuentan con un original sistema de encendido e iluminación de sus contenidos, se nos muestyran algunos aspectos de las diferentes teorías evolutivas del s. XIX y XX, apoyadas igualmente con medios audiovisuales muy didácticos. Este espacio recrea las diferentes concepciones sobre la evolución, desde Darwin y Lamarck, desde las teorías funcionalistas y estructuralistas, como la cértebra aqruetípica o la hoja de Goethe, hasta las más recientes como el neodarwinismo o Nueva Síntesis) (cit. Dobzhansky) o el moderno equilibrio puntuado (Eldredge y Gould).

El segundo, la encefalización o progresivo desarrollo cerebral homínido, de la mano de los trabajos de Ramón y Cajal, el funcionamiento del sistema nervioso y una curiosa estructura donde podemos entrar y ver “por dentro” el funcionamiento del cerebro y la transmisión de los impulsos nerviosos.

Y por último el tercero, la “sala de los homínidos” donde, junto a reproducciones de los cráneos y paneles explicativos de los diferentes géneros Australopitecus y Homo, desde Lucy (Australopithecus afarensis) hasta H. Rhodesiensis (un probable antepasado cercano de H. Sapiens en África), se ubican en círculo reproducciones escultóricas hiperrealistas y a tamaño natural de todas estas especies, obra del Atelier Daynes de París, lo que constituye sin duda otro centro neurálgico y polo de atracción del museo.

El tercer nivel está dedicado a la evolución en términos culturales: desde las primeras conquistas como el fuego y la producción de herramientas de piedra o los rudimentos del lenguaje, pasando por el trabajo de la madera y el hueso y su evolución en las sociedades de cazadores-recolectores hasta la aparición de la agricultura y la ganadería en el Neolítico; y de los que Atapuerca también ha preservado sus huellas, ya que la humanidad no ha dejado de utilizar alguna de sus cuevas como cobijo para humanos o animales hasta nuestros días. Podemos encontrar utensilios agrícolas neolíticos como hoces o azadones de madera y piedra, o granos (centeno, judías o lentejas). Esta planta dedica un espacio especial a dos de las prácticas simbólicas más destacadas e importantes para la socialización humana: las prácticas funerarias y el arte rupestre, a través de dioramas, y proyecciones. Este nivel sintetiza el “despegue cultural” o “humanización del Homo Sapiens” en los últimos 40.000 años, la progresiva socialización de nuestra especie con la producción no sólo de herramientas cada vez más sofisticadas sino también con la producción de productos de consumo mejorados (semillas en la agricultura, razas domésticas en ganadería), el lenguaje, el arte y el pensamiento simbólico y, en correspondencia con todo ello, la complejización y especialización de la vida social humana.

Por fin en la última planta encontramos una pequeña sala de proyección donde se recrean los principales ecosistemas en evolución que vieron aparecer la especie humana: la selva tropical, que dio paso a la sabana y a la tundra-taiga, en la conquista de ambientes extremos durante las sucesivas glaciaciones.

Al finalizar el recorrido, el visitante se va con la sensación de haber sido un arqueólogo más en Atapuerca y de haber recorrido, no la historia de esta pequeña sierra burgalense, sino el recorrido de nuestra especie desde su aparición en los aledaños del gran rift africano hasta Burgos; de haber entrado en los yacimientos y haber participado en los descubrimientos del equipo Atapuerca, lavando o tamizando las muestras, y de haber recorrido, planta por planta, la historia de nuestra especie desde Lucy hasta nuestros días, y la elaboración teórica de las explicaciones que la humanidad se ha dado sobre su origen en los dos últimos siglos.

Especialmente estimable es el aporte, tanto empírico como de la estructuración del propio recorrido museístico, respecto de algunas de las opiniones más controvertidas actualmente acerca del origen y la naturaleza humana: como la inconsistencia del origen multiple de Homo Sapiens (que cada “raza” proviene de diferentes antepasados muy lejanamente emparentados), teorías a menudo abanderadas por corrientes políticas racistas y ultranacionalistas, que en sus planteamientos más extremisatas plantean que la raza blanca es genéticamente superior y proviene de un ancestro diferente a las demás (WP) o que, mientras la humanidad desciende del Cro-mañón la raza vasca desciende del neandertal, según un jesuíta vasco que por discreción no nombraré aquí, pero que quedó registado en las hemerotecas). O de la sociobiología (E. Wilson y R. Dawkins) que reduce la naturaleza histórica de los humanos a la expresión de su dotación genética (todo está determinado por los genes) y no a su naturaleza social como una “propiedad emergente” de la especie humana como colectividad (como sociedad, naturalmente sobre una determinada base material biológica).

La visita al MEH es altamente recomendable ya que además se pueden concertar visitas guiadas a los yacimientos de Atapuerca. El Museo ha creado un ámbito de apoyo y colaboración, el Programa Amigos y otros, a través del cual se puede conocer, colaborar y disfrutar de este importantísimo patrimonio.

Fundación Atapuerca: www.atapuerca.org
Museo de la Evolución Humana de Burgos: www.museoevolucionhumana.com

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