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viernes, 20 de enero de 2012

10 cosas que cualquier ilustrador debería saber. 2.- El refranero

Portada del álbum "Los Profesionales"
de Carlos Giménez
He hablado en la primera parte de la necesidad de reivindicar la dignidad de la profesión de ilustrador. Creo que deberíamos reflexionar un momento sobre este punto. No todas las profesiones son igualmente dignas: no es lo mismo el oficio de juez,  abogado del Estado o registrador de la propiedad que el de tornero-fresador, meretriz o fontanero, por ejemplo. Pero junto a oficios inexplicablemente sobrevalorados existen otros injustamente devaluados. El de ilustrador es, digámoslo así, un ejemplo paradigmático. Para ilustrarlo (valga la redundancia) e intentar contribuir a ponerle remedio con este granito de arena, he hecho un somero repaso a las expresiones más usuales que todos hemos oído (yo al menos las he oído todas, sobre todo en mis comienzos), a su significado y a qué actitud adoptar ante ellas. Desde luego no están todas las que son y cualquier sugerencia o ampliación será bienvenida.

2º. ¿Quién no ha oído nunca...?

Muchos hemos oído en alguna ocasión alguna de las frases siguientes. A veces sueltas, a veces en "pack". Algunas caen como quien no quiere la cosa, otras forman baterías, una "bomba de racimo" con la que algún cliente o editor pretende aturdirte o, cuanto menos, delimitar el campo de negociación a su propia conveniencia. No es que los editores sean malos, es que los han dibujado así. Aunque para ser honesto, tengo que reconocer que he conocido alguno decente, incluso uno que ha sido como un mentor y consejero para mí en cuanto a apoyo profesional y personal, y estoy seguro que alguna excepción más habrá por ahí que confirme la regla (aunque haya que buscarla removiendo la tierra con el hocico, como las trufas*).

1.- "Pero si eso lo haces en un momento, no te cuesta nada..."

Traducción: "¡Qué me vas a cobrar si esto no te va a llevar ni tiempo ni esfuerzo, lo haces en un momento de forma natural con un papel y un lápiz, o como mucho con tu ordenador (que tampoco te cuesta nada)! A mí me haces un favor y si acaso te debo una...".

Cuando quien te lo dice es un amigo o familiar, a menudo sirve para abrir un intercambio de favores más o menos equitativo. Una especie de "economía del trueque" que en ocasiones ayuda a materializar cosas o proyectos que de otra manera serían mucho más difíciles de realizar o conseguir. En estos casos, y de manera particular, soy muy favorable a este tipo de tratos, que tienen además la gran ventaja y el incentivo añadido de que los bancos no pueden cobrar comisiones por ellos. Hay quien piensa que no hay que mezclar familia o amistad con negocios, y ejemplos no faltarán. Sin embargo, creo que depende de qué familia, de qué amigos y de qué relación establece cada uno. Yo tengo la suerte de tener la mejor familia y los mejores amigos del mundo.

Entre estos intercambios recuerdo varias barras libres o cuentas abiertas en bares y pubs (ver primera parte), el suministro de varias botellas (Jack Daniel's) a cambio de cartas y menús, un futbolín profesional (grande de madera, de los de echar cinco duros) por un curso de maquetación y diseño, cajas de naranjas por un cartel, alguna estancia y viaje en casas rurales a cambio de materiales de promoción, página web, etc. Siempre con el objetivo de tener alguna excusa para vernos o trabajar juntos y cultivar nuestra amistad. Creo que es la única razón (con mesura por razones económicas obvias) para hacer este tipo de transacciones. En este sentido una de las mejores experiencias que he tenido fue el rodaje que dirigí duramente más de una año, de 40 cortos educativos para niños de 1 a 5 años: no por el encargo (fue un desastre económico) pero fue una experiencia maravillosa con toda la gente, amigos y desconocidos, que se prestó a colaborar desinteresadamente en el proyecto.

Insisto: hay/tengo/ que dosificar con precaución este tipo de trabajos por razones económicas, y siempre siguiendo las siguientes reglas:

Primero, ofrecer siempre más de lo que se cree o espera recibir a cambio.
La economía de trueque es lo que tiene: se ofrece algo que, valiendo igual, cuesta menos que el precio de mercado, a cambio de bienes o servicios en las mismas condiciones. En términos económicos, estamos ofreciendo un valor de uso que no está reflejado en un valor de cambio (precio) y por tanto este tipo de transacciones, actualmente, sólo puede hacerse basándose en la buena voluntad y la generosidad para mantener engrasado el engranaje. O al menos basado en esos principios: de forma desinteresada o, como mucho, a la espera de un trato recíproco por término medio. Por eso es hoy inevitablemente un "circuito" muy reducido y que hay que emplear con cuentagotas por muy atractivo que nos pueda resultar a priori.

Segundo, no echar cuentas. Esto cae de por sí: si las vas a echar, cobra religiosamente tu trabajo siempre y paga lo que pides a precio de mercado y/o tarifa. Porque de otra manera, no has entendido la primera regla.

Tercero, hacer el trabajo igual o mejor que si fuera un encargo bien pagado. En una tertulia de la APIV (Asociación Profesional de Ilustradores de Valencia), el ponente comentaba que un conocido que había hecho un dibujo para un amiguete decía que no se había esmerado mucho: "total, como no lo iba a cobrar...". El ponente dijo -con razón- que esta persona había sido doblemente estúpida: primero por no cobrar y segundo por entregar un trabajo mediocre a sabiendas, por falta de esfuerzo. Pierdes un amigo y das una pésima imagen tuya y de tu trabajo a cambio de nada, y más si ese trabajo lo van a ver más personas. Es algo que la sabiduría popular ya tiene asumido y teorizado hasta en los azulejos de los bares: "Si por fiar tengo amigos y los pierdo por cobrar, para evitarme enemigos lo mejor es no fiar". Confieso que todos mis mejores dibujos han terminado en el circuito del trueque o directamente los he regalado, y de eso pueden dar fe mis cuentas. No hagáis lo mismo (o sí, quién soy yo para dar consejos...).

Pero una cosa es el sistema alternativo del trueque y la generosidad, características además de la profesión, y otra muy distinta es la profesión de la ilustración como tu negocio, tu actividad profesional retriubuida: el trato con clientes: impresores, editores, agencias y otros. En este negocio nunca, repito NUNCA, (disculpad las mayúsculas y la insistencia, pero repito: NUNCA) hay que confundir un ámbito con otro, que una cosa son las chorras y la otra las mininas. En el oficio, que es de lo que trata este pequeño "serial", lo que recomiendo es aplicar estrictamente el Libro blanco de la ilustración** (en adelante LBI) o una adaptación que previamente hayáis realizado, y atenerse a ello.

2.- "Es que los dibujantes sois unos bohemios..."

Este lugar común viene a significar que los ilustradores no tienen las mismas necesidades que el común de los mortales: viven de alquiler en apartamentos minúsculos o en su propio estudio (la buhardilla de 13, rue del Percebe) en los que siempre llevan mensualidades atrasadas, malviven de las ayudas de/sablazos a/ los amigos, son expertos en la práctica el "simpa" y nunca han oído hablar de hipotecas o del colegio de los niños. Son de gastar suela o bonobus y de dieta basada en frutas, verduras, legumbres y tubérculos enriquecida ocasionalmente con bocadillos y pizzas para llevar. La mayoría no saben lo que es una factura y la práctica totalidad nunca ha firmado un contrato; y si no trabajan en negro trabajan de negros. En su fase larvaria hasta que consigue ese chollo de habitáculo, fase que puede durar hasta 40 años, el bohemius illustrator vive "aberronchado" en casa de sus padres. La primera parte retrata a los que ya vemos los 40 por el retrovisor y la segunda los que no (aunque cada vez hay más talluditos en esa tesitura). Para un retrato más exacto de la profesión (y en viñetas, qué mas se puede pedir), qué mejor que las historietas del gran Vázquez o "Los profesionales" del genial Carlos Giménez.

No os equivoquéis: aunque los amigos os lo digan con una mezcla de compasión y envidia a partes desiguales, en boca de quien pretende contratar vuestros servicios significa: "los dibujantes sois como los chinos; podéis sobrevivir una semana con un plato de arroz y un porro, no pagáis impuestos (es decir, no me hagas factura) y nunca perdéis la sonrisa porque -¡no os poséis quejar!- trabajáis en lo que os gusta".

Recuerdo que un editor, al que tengo gran aprecio, me dijo un día: "Es que los dibujantes sois demasiado bohemios". Lo decía en el sentido de que, aunque pienses y vivas como te plazca, esto es un negocio y lo que haces es un trabajo: si los clientes no se enriquecieran con tu trabajo ellos no te lo encargarían.

3.- "Hazlo barato, baratito (o gratis) que te servirá para el portfolio/currículum"

Es impresionante la cantidad de veces que algunos editores, impresores y agencias siguen empleando esta frase, o alguna de sus variantes, con las que intentan embaucar a los ilustradores noveles, incautos, estudiantes todavía o que viven con una relativa falta de apremio económico (en otras palabras: en casa de sus padres, porque no existe, salvo excepcionales excepciones, ilustradores sin apremios económicos).

Hace unos años un amigo me puso en contacto con una editorial situada por la calle San Vicente de Valencia (lamento no recordar su nombre porque tendría gran placer en hacerlo público). En realidad era una pequeña oficina de "intermediarios". Planeaban, en el sentido peyorativo de la palabra, editar una versión de cuentos populares (Caperucita, la Cenicienta, Los Tres Cerditos, etc.) en edición barata y papel pésimo para inundar con ellos kioscos y papelerías a bajo precio para clientes poco exigentes o escasos recursos.

La colección constaría inicialmente de unos 12 títulos y por haber contactado a través de este amigo, ser una "editorial" muy pequeña y un proyecto ambicioso, hice un presupuesto bastante ajustado como anticipo para toda la colección, a falta de negociar los detalles de derechos de autor, plazos y demás. Al cabo de unos días, me llamaron diciendo que finalmente lo iba a hacer (no sé si finalmente se hizo) un dibujante joven y prometedor que lo iba a "ilustrar gratis para su currículum". En otras palabras: estos sinvergüenzas habían embaucado a un chaval seguramente con talento para enriquecerse con su trabajo por la puta cara. Ese mismo día fui al bar y pedí un carajillo, avisando de que no lo iba a pagar pero serviría al camarero como currículum y que a cambio promocionaría su establecimiento entre mis amigos. No coló. Lo intenté con la compra del Mercadona, elogiando la pericia y rapidez de la cajera. Ni por esas. Días más tarde lo intenté con el fontanero pero tampoco...

Con la esperanza de que este dibujante novel lea esto (viendo las visitas a este blog lo dudo, pero no pierdo la esperanza y puede servir para otros) quiero insistir en que este tipo de prácticas no sólo perjudica a la profesión y a los profesionales en general, sino que te perjudica a ti mismo de forma directa y personal al abrir la puerta de par en par a que te pisoteen y desprecien tu trabajo. Laboralmente es una actuación de esquirol (cuando no de intrusismo) y personalmente creo que es lo peor que se puede hacer hacia tu propia dignidad: además de puta poner la cama. Todo sea dicho sin acritud y de buen rollo pues aquí el culpable es el "empresario" que abusa de ti.

Cerrando este punto es importante señalar que ya tenemos edad, desde el más joven al más veterano, para hacernos nuestros propios currículum y portfolio, con trabajos de encargo o hechos ex profeso, sin necesidad de que nadie nos perdone la vida por el hecho de existir y por permitirte que el trabajo que les haces gratis lo puedas enseñar a otro cliente. Como decía el amigo Brassens, ya somos mayorcitos para masturbarnos solos. El debate debería ser, en todo caso, quién mejora aquí su currículum con el trabajo de quién: si el dibujante trabajando para ese editor o la editorial que publica su trabajo. 

4.- "Mi primo/sobrino/conozco a uno que/ lo hace igual y mucho más barato..."

Esta frase la he oído mucho también en el comercio (tienda de fotografía) donde he estado trabajando, bajo estas otras formas: "Pues en ... es más barato", "En ... además te regalan ... o te hacen ... de descuento..." y otros por el estilo. Como las anteriores, tampoco me ha funcionado en el Mercadona o en el cine. Pero con la ilustración, además introduce la consideración de que lo tuyo "no es un trabajo de verdad", que "cualquiera lo hace en su tiempo libre" y que "si pides mucho (si pretendes cobrar tu trabajo) te puedes quedar sin clientes". No insistiré más en que, curiosamente, no se lo dicen a los fontaneros, electricistas o mecánicos (no hablemos de los abogados). Pero es pan de cada día para el sufrido ilustrador.

El episodio más extravagante me ocurrió con una especie de cliente (realmente era una "subcontrata" de otro buen cliente, por lo que tuve un gran interés inicial en que el trabajo llegara a buen puerto). Era un tipo impresentable (entre mis clientes estoy seguro que sólo ése se sentirá concernido) que me pidió un presupuesto para una importante cantidad de imágenes. Con el presupuesto en la mano me espetó que conocía a uno que lo hacía, literalmente, por una décima parte de esa cantidad. No entraré en detalles pero naturalmente el trabajo no se hizo (no lo hizo nadie).

Por si acaso esta opinión fuera fruto de la ignorancia, suelo explicar brevemente en qué consiste mi trabajo, qué va a recibir y en qué condiciones y garantías; y que él decida, pero nunca debemos entrar a rebajar nuestro trabajo o tarifas. Si insiste o es evidente que es una treta para "apretarte", normalmente declino la oferta de trabajo y le recomiendo que se lo haga su primo/sobrino/conocido, pues este tipo de personas suelen ser mal clientes, peor pagadores y suelen arrastrar "cuentas pendientes" con otros profesionales del gremio: como dijo quien inventó la marcha atrás, una retirada a tiempo es una victoria.

5.- "Házmelo sencillito** y barato, que es para hacer bolis de promoción..."

Cuando trabajas para agencias de publicidad, impresores (offset, serigrafía, tampografía, etc.) muchas veces recibes el encargo de "adornar" artículos de regalo (bolígrafos, encendedores,...), tarjetas de visita, calendarios, servilletas o cartas para bares y restaurantes, etc. Es difícil convencer a una serigrafía a quien se le ha encargado "un dibujito que acompañe en los mecheros el nombre del bar" de que en realidad te está pidiendo el diseño de un logotipo. Y mucho más difícil convencer al propietario del bar de lo que vale un diseño de logo. Así que terminas "haciendo un dibujito para acompañar en el mechero el nombre del bar". Ocurre a veces que ha gustado tanto que al cabo de un tiempo lo ves estampado en los bolis, las servilletas, el toldo y hasta en el luminoso del establecimiento. O incluso en anuncios en prensa.

Mi recomendación, que es lo que hice durante varios años, cuando me dedicaba a eso, es tener dos o tres iconos por profesión de las típicas colecciones que antes se comercializaban en paquetes o cd (ahora se pueden encontrar gratuitamente por miles en internet). El cliente o impresor elegía el que más le gustaba y se hacía el arte final (antes en papel o fotolito, ahora directamente en un archivo digital) rasterizado al tamaño del encargo (.jpg). ¿Por qué sólo dos o tres? Porque la búsqueda, la diversidad y la originalidad cuestan tiempo y dinero, un tiempo que puede emplear el propio cliente (si quiere: do it yourself). Nuestro trabajo en todo caso es el diseño de logotipo e identidad corporativa, no el de buscar platitos con gambas o copas de Martini en internet para "adornar el nombre del bar en los mecheros". Para eso está el sobrino/primo/conocido/ que lo hace igual y además mucho más barato. ¿Por qué rasterizado y al tamaño del encargo. Lo explicaré a continuación. Esto no tiene aparentemente demasiada importancia, pero os aseguro que todo cambia cuando el intermediario es una agencia de publicidad, el encargo es un dibujito para unos cientos de bolis y la empresa para la que has "hecho el dibujito" es, pongamos por caso, Nike, Apple o la concejalía de Turismo de una gran ciudad de la costa...

6.- "Pásame el dibujo en vectorial, que el trazo queda más limpio..."

Todos sabemos que una ilustración vectorial es escalable: el dibujo se basa en una fórmula matemática que puede aumentarse virtualmente hasta el infinito, mientras que una imagen rasterizada o en mapa de bits se "pixeliza" y deteriora al aumentar de tamaño.

Cuando esta frase acompaña a la anterior (es para bolis de promoción) realmente quiere decir: "Te he pedido un dibujito para estampar en un boli, pero si consigo el archivo vectorial pienso exprimirlo al máximo, incluso haciendo lonas para fachadas o proyectarlo sobre la Luna y que lo vea toda la Humanidad, ¡cágate Batman!...".

Como he dicho antes, este tipo de encargos debemos entregarlos siempre en mapa de bits al tamaño que se ha encargado (pues como veremos cada tamaño y uso tiene un precio). Si se entrega el archivo vectorizado, según mi experiencia, éste debe tener un precio superior acorde a esta característica: el del tamaño mayor al que presumiblemente se vaya a emplear. Una variante es la de "sólo quiero el dibujo en blanco y negro porque es para prensa o para imprimir a una tinta (o sea: hazlo "sencillito", no me cobres colores que ya los pondré yo, pero pásamelo en vectorial, ¿eh?)".

Es importante recordar, insisto, en que NO estoy hablando todavía del diseño de logotipos e imagen corporativa, cuya característica principal (estudio, elaboración, diseño y precio) está directamente relacionada con las características de la propia empresa que se pretende definir y representar y que constituye un trabajo cualitativamente distinto a todo esto.

7.- "La idea es hacer..."

Cuando oigáis estas palabras, aguzad el oído: si precede el planteamiento de un trabajo o proyecto por el que la persona que os lo expone está profesionalmente o sentimentalmente atraída o involucrada, significa que antes de entrar en detalles quiere exponeros una visión global y de conjunto del mismo para contagiaros su entusiasmo y conseguir empatizar. Esto es importante: si te gusta el trabajo y la gente, se pueden acercar más fácilmente posiciones en caso de discrepancias en cuanto a precio, plazos y demás condiciones, pues los cimientos ya están echados. Se trabaja a gusto y si el cliente es receptivo puedes incluso proponer sugerencias y mejoras: muchas veces la idea es buena pero cojea gráficamente (al fin y al cabo el ilustrador eres tú). Aunque hay que tener en cuenta que a veces no se hace de forma transparente sino como "método de ventas", pero eso es relativamente fácil de detectar. Con este inicio he hecho algunos de los trabajos más gratificantes que recuerdo, y también de los más desastrosos cuando fue seguido de alguna de las situaciones siguientes (de 8 a 10)

8.- "La idea inicial te la di yo/dimos nosotros/..."

Eso quiere decir que la idea germinal no es tuya sino que sólo ejecutaste el trabajo según las indicaciones que recibiste. Ellos son el cerebro, la dirección, y tu la mano, el operario. Esto lo he oído al hacer un cartel, al diseñar un folleto, al ilustrar un cuento y al realizar una portada de libro. En resumen, este campo de batalla que a priori parece artificial se reduce a dos cosas: dinero y reconocimiento. Dinero: porcentaje de las ventas o del precio de alzada; y reconocimiento: derechos (patrimoniales o morales, de autoría) o prestigio (por escaso o ridículo que sea: la naturaleza humana es lo que tiene...). Sobre este punto conviene tener claro lo que dice al respecto la LPI (Ley de Propiedad Intelectual) que protege una obra concreta y nunca una idea. Por ejemplo, la idea (tan española) de poner un palo a cualquier cosa no se puede registrar "en general", sino sólo sus concreciones físicas: caramelo + palo = ®Chupachups; mocho + palo = ®Fregona; aceituna y pepinillo + palo = ®Banderilla; tacos de carne adobada + palo = ®Pincho moruno; señor corrupto + palo = ®Regeneración democrática... Sobre los derechos de autor habrá tiempo y espacio suficiente para hablar más adelante.

9.- "...Primero haremos unas pruebas, a ver si nos gusta/funciona..."

Significa que no te vamos a pagar ni la prueba, ni los dibujos ni los bocetos que te encarguemos para poner en marcha el proyecto o producto hasta asegurar que nos sea rentable. No importa que nos hayas enviado un portfolio con tus trabajos: aunque hayamos visto tus muestras, nosotros tenemos que presentar una prueba a nuestro cliente (o poner en marcha nuestro proyecto) y no te vamos a pagar antes de asegurar nuestros beneficios. Nuestro cliente no quiere saber quién va a dibujar, sino ver sus propias ilustraciones sobre la mesa. Por supuesto, si no sale adelante no cobras: al fin y al cabo perderás menos que nosotros: sólo un poco de tu tiempo (que vale menos que el nuestro). Es lo que se llama "privatizar los beneficios y socializar las pérdidas" o "lo mío es mío y lo tuyo es negociable". Puro capitalismo, al fin y al cabo. Como supongo que habréis observado, lo más importante en este párrafo es la cursiva.

A veces estas propuestas se hacen presentando un proyecto ambicioso o una perspectiva de trabajo a largo plazo que la hace bastante atractiva, sobre todo en momentos de necesidad y escasez como éste. Desgraciadamente, a menudo suelen terminar con los bocetos y pruebas rechazados y el tiempo perdido, bien porque el proyecto se ha desestimado o ha sido paralizado (algo cada vez más común), bien porque se había hecho la misma propuesta a varios ilustradores para tener dónde elegir (cuantos más mejor) y como reza el dicho: "Para la mayoría de clientes, no hay nada que un niño chino de cinco años no pueda hacer mejor, más rápido y más barato que tú" y no sé vosotros, pero yo no me reencarné en un niño chino de cinco años.

El camino que suelo seguir en estos casos, partiendo de las recomendaciones del LBI y alguna experiencia propia, es:

Primero: infórmate de qué te están pidiendo. En qué consiste el proyecto, en qué consiste la prueba, quién es el destinatario final (si tu cliente es sólo un intermediario), si el encargo se ha relizado a otros ilustradores o estudios, y en función de ello, establece tus condiciones.

Segundo: sentarte ante un papel en blanco ya vale dinero. Como cualquier taller de reparación, sea automóvil o informático, establece un "presupuesto de rechazo" (lo que ahora se llama "precio del presupuesto no aceptado"). Una cantidad por la que se realiza la prueba o boceto y que en caso de ser desestimada por cualquier razón el cliente deberá abonarte. Este punto es esencial porque implica un trato profesional y porque, a diferencia del "presupuesto no aceptado" de un taller, tú les vas a entregar un material que, aunque no vaya a utilizarse, puede servir para que otros se basen en la idea o elaboración que hayas realizado. A este respecto, hace tiempo contactó conmigo una empresa de Toledo para hacer una versión del Ratoncito Pérez. Como casi todos, pues es una práctica habitual, me preguntó si, –naturalmente–, no le cobraría los bocetos de prueba. Le expliqué que sí, que esas cosas se cobran: exigen tiempo, trabajo, y especialmente en el diseño y caracterización de personajes, detallé qué es lo que iba a entregar exactamente (estudio del personaje, del color, etc.) añadiendo además que el rechazo implica la imposibilidad de aprovechar el boceto, idea o personaje en cualquiera de sus formas en el futuro sin un acuerdo previo. La persona con la que traté lo entendió perfectamente, le pareció justo, llegamos a un acuerdo y aunque finalmente el proyecto no prosperó me ingresó escrupulosamente la cantidad acordada. Quiero decir con esto que esa relación depende de nosotros absolutamente y que trabajar de esta forma fomenta la dignidad de la profesión y la nuestra personal, y también la confianza que puedan tener nuestros clientes respecto de la seriedad y entrega en nuestro trabajo: no le vamos a mandar un garabato "a ver si cuela" sino un trabajo por el que ya han pagado o van a pagar. Qué decir que esto es más que recomendable cuando el encargo ha sido hecho a varios dibujantes: ¿te imaginas entrar en un bar, pedir media docena de tapas y pagar sólo la que más te ha gustado? El cliente debe informarte desde el principio si el encargo se ha hecho simultáneamente a otros ilustradores, pues se supone que ha visto trabajos tuyos y ya ha hecho una selección: así nadie pierde el tiempo.

Tercero: si aceptas el encargo (de la prueba), ANTES de meterte en harina plantea en síntesis cuál es tu forma de trabajar y bajo qué condiciones. Para eso es bueno, una vez conocida la naturaleza del encargo de la prueba, del trabajo en su conjunto y del cliente, redactar y exponer un pequeño esquema de cuatro o cinco puntos**** sobre lo que crees que el cliente debe saber y consensuar antes de proseguir. NO lo dejes para después: si no lo iban a aceptar no perderás el tiempo; expone las condiciones del trabajo y plantea tus condiciones antes de proseguir. No se resolverá todo pero sabrás qué terreno pisas y tu cliente también. Si se acepta, no creas que ya está todo el género vendido (hasta el rabo todo es toro) pero ya tienes establecido un campo de negociación más equilibrado en la concreción de los flecos. Y creedme, hay más que en el chaleco de un jipi.

10.- "Creo/creemos/el cliente opina/ que quedará mejor de esta otra forma..."

Escuchar esta frase no suele ser habitual si ilustras un libro de cuentos, un cartel o realizas un trabajo artístico o creativo en general, sobre todo si las bases técnicas están perfectamente definidas (formato, tamaño, nº de tintas, características de la impresión, etc.). Pero sí es bastante habitual en trabajos publicitarios o, como es mi caso, en las ilustraciones de carácter científico, técnico y de divulgación. Es imprescindible establecer un sistema de trabajo**** eficaz y respetuoso tanto con el cliente como con el trabajo propio; que posibilite incorporar sus ideas y necesidades, que normalmente benefician y enriquecen el resultado final aunque te obligue a modificaciones y correcciones, y hacerlo con el menor coste posible en tiempo y dinero. En esta cuestión hay que ser flexible en cuanto que, por mucho que se pretenda que todas las modificaciones se incorporen en el boceto o en la primera prueba, muchas mejoras aparecen sobre la marcha o no han podido madurar hasta que el trabajo está en un estado más avanzado. Un buen ejemplo de ello son las portadas que he realizado para las revistas Chispas y Foros21. Pero la flexibilidad debe ser recíproca: no conviene tolerar continuos cambios del tipo "...y a ver cómo queda así..." o "hazme varios bocetos que yo ya elegiré, ya...". Como dice Miguel Calatayud: "yo presento varios bocetos sólo cuando yo mismo estoy indeciso. Si lo tengo decidido, el cliente sólo ve uno: el que yo le enseño". Si un cliente abusa de este tipo de peticiones y quiere varios bocetos con ligeras modificaciones, siempre le recomiendo que entorne los ojos, abra la mente e intente visualizar...

Una situación particular y más delicada es cuando este tipo de decisiones o colaboración corresponde a un equipo o una "cadena de mando" (un grupo de autores; el editor, el gerente y el director artístico, el autor...). Sobre todo si no comparten criterios o incluso (a mí me ocurrió en una ocasión) son una especie de matrimonio profesional mal avenido en que es suficiente que uno diga "a" para que otro diga "z", una especie de "extraña pareja" desquiciante. En este brete, es imprescindible tener un solo interlocutor y que las instrucciones y condiciones sean "claras, precisas y por escrito". Los que lo habéis sufrido sabéis cuánta razón tengo y cuánta frustración evita un buen sistema de trabajo; y los que no, haríais bien en tomar nota pues no prevenir estas situaciones puede llevar a extremos realmente delicados o violentos si cuando esto ocurre "no tienes el chichi para farolillos".

Bueno, os dejo aquí un enlace a las "9 reglas de oro para el ilustrador profesional" publicado por FADIP. Como veréis, he empezado en la entrada anterior por el principio: el capitulo 1 (La ilustración es una profesión) es una reflexión personal sobre el 1º punto de las 9 normas (Sé quien soy); y ésta tiene relación con algunos asperctos de la segunda (Me gano la vida). En el próximo capítulo me saltaré el orden (para eso está) y seguiré por el final: "Estoy asociado".

También os enlazo el Libro Blanco de la ilustración gráfica en España, para quien no lo conozca. Es entretenido y muy instructivo.

* Esta afirmación, evidentemente, es una pequeña boutade. Naturalmente los clientes, editores y agencias intentan conseguir los mejores trabajos a los precios más económicos y en las mejores condiciones, pero eso ocurre en todos los ámbitos económicos, y más en tiempos de crisis. El que en el gremio de ilustradores y diseñadores se tenga esta percepción "demonizada" corresponde seguramente más a nuestra desunión y, por decirlo así, a una cierta falta de autoestima profesional que invita a los abusos. Por romper una lanza en favor de esas excepciones, diré que he trabajado con editores que me han adelantado pagos a cuenta prácticamente sin reservas, que han financiado y avalado mis primeros equipos informáticos, allá a finales de los 80, o una editorial que contactó conmigo 20 años después de haber dibujado un cuento y haber perdido el contacto (cambié de domicilio, teléfono, etc.) para ingresarme mis derechos de autor.

** El Libro blanco de la ilustración es una publicación de la APIC (Asociación Profesional de Ilustradores de Cataluña) que puede orientarnos a la hora de organizar nuestro trabajo como ilustradores, los aspectos legales y económicoas, tarifas, etc. Sobre estos puntos hablaré más adelante.

*** En el diccionario cliente/español - español/cliente la entrada "sencillo" remite directamente a "barato" como sinónimo, aunque en el encargo se emplea habitualmente la primera.

**** En próximas entradas iré añadiendo materiales como los esquemas que suelo usar o la adaptación del LBI que utilizo, por si le sirve a alguien, aunque es más recomendable que vayáis al libro original de la APIC y que lo adaptéis a vuestros gustos o necesidades. También algún esquema respecto del sistema de trabajo tanto en relación con el cliente como en la realización del trabajo mismo. No lo hago ahora para mentener el interés y porque no se puede todo a la vez.

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